EL ALA DEL PÁJARO
Jamás supe con exactitud
hasta dónde puede elevarse el ala del pájaro.
La nube arranca del agua su semilla,
la noche arranca de la luna mis sombras.
El ala del pájaro unge -y asciende-
de aire puro los espacios abiertos.
Pero tras el cobre, que arde, del horizonte sólo mis ojos,
hacia arriba e ilimitados,
podrían ocupar raudos un lugar tan transparente.
Quizás también existe un gesto capaz
de darme algunas respuestas
que busco
bajo las campanas huecas de otros párpados.